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Archivo de 25/10/07

Junta De Gobierno UNAM

Publicado por bachiller en Octubre 25, 2007

Miguel Ángel Granados Chapa : Junta De Gobierno UNAM
Plaza Pública

A la mitad del proceso de exploración que la ley orgánica de la UNAM le ordena realizar antes de elegir rector, la Junta de Gobierno ha visto colmada su agenda para recibir opiniones sobre quién debe gobernar a la Universidad nacional en los próximos cuatro años. Tan sólo en las primeras doce horas, después de publicada la convocatoria respectiva el 7 de octubre se formalizaron 240 citas. Para cumplir ésas y los cientos que siguieron, el órgano elector de la UNAM formó cinco comisiones que ha recibido a grupos y personas portadoras de propuestas y apoyos a aspirantes, y también de proyectos de universidad sin postulación de nadie.

Esta es la vigésima ocasión en que una junta de Gobierno elige a un rector. Promulgada la ley que le dio origen en enero de 1945, su autor Alfonso Caso instaló la junta ese mismo año, que al siguiente eligió al primer gobernante universitario conforme al nuevo régimen, el abogado Genaro Fernández McGregor. No permaneció en su cargo más que dos años, al cabo de los cuales lo sustituyó el doctor Salvador Zubirán, médico eminente que como su antecesor no llegó siquiera a la mitad de su mandato, interrumpido por una sucia revuelta. Tan inestable era la situación universitaria que el tercer rector elegido por la Junta fundadora, Andrés Serra Rojas, abogado también, apenas ostentó el nombramiento unos días de mayo de 1948, y luego declinó. Mientras que grupos conservadores pretendían hacer rector, por plebiscito, a Antonio Díaz Soto y Gama, la Junta eligió cuarto rector al también abogado Luis Garrido, que permaneció en su cargo hasta poco antes de concluir su cuatrienio, en 1953. Lo reemplazó el doctor Nabor Carrillo Flores, ingeniero, primero en ser elegido sin tormenta en torno, primero también en ser reelegido, por lo que permaneció ocho años en la flamante Torre de la rectoría, de que fue primer ocupante.

El doctor Ignacio Chávez, médico de la talla del depuesto Zubirán, fue elegido dos veces por la Junta, en 1961 y 1965, pero al año siguiente renunció en medio de presiones ruines. Lo reemplazó en mayo de 1966 el ingeniero Javier Barros Sierra, que cuatro años más tarde hubiera podido ser reelegido, pero declinó esa posibilidad en vista de su precaria salud. Fue elegido entonces el doctor Pablo González Casanova, historiador y sociólogo, que renunció en medio de un conflicto compuesto de ingredientes diversos, por lo que en 1972 la Junta eligió al doctor Guillermo Soberón, médico de origen, bioquímico después, reelegido en 1977. Otro médico, Octavio Rivero, lo sustituyó en 1981 y cuatro años más tarde la Junta escogió al abogado Jorge Carpizo, que optó por no presentarse a la reelección en 1989. Fue escogido entonces el doctor José Sarukhán, biólogo, botánico y ecólogo, que cumplió dos periodos, pues fue reelegido en 1993. Lo sucedió en 1997 el ingeniero químico Francisco Barnés que no pudo concluir su mandato pues renunció durante la terrible huelga de 1999. La Junta, en fin, eligió dos veces al médico Juan Ramón de la Fuente, en 1999 y en 2003.

En los ocho años del rectorado de De la Fuente, la Junta fue renovada casi en su totalidad, salvo el caso de Julio Labastida, sociólogo y Álvaro Matute, historiador, que ingresaron durante el periodo de Barnés. Luego fueron nombrados por el Consejo universitario, a propuesta del rector, Francisco Bolívar Zapata, bioquímico; Manuel Peimbert Sierra, físico y astrónomo; Rolando Cordera Campos, economista; María Elena Medina-Mora, psicóloga, Carlos Larralde, biólogo; Olga Elizabeth Hansberg Torres, filósofa, David Kershenovich, médico; Francisco Casanova, sociólogo; Alonso Gómez-Robledo, abogado; Elizabeth Guadalupe Luna Trail, filóloga; Octavio Paredes López, ingeniero bioquímico, primer miembro de la Junta no formado en la Universidad; Luis Alberto Zarco, médico veterinario: y Jorge Borja Navarrete, ingeniero. Señalo las disciplinas en que se formaron para mostrar uno de los ángulos de la diversidad presente en la Junta. Sus miembros tienen, al mismo tiempo, notas en común. La mayor parte de ellos ha dirigido facultades e institutos, lo que quiere decir que ahora electores antes fueron elegidos, algunos más de una vez. Casi todos han sido distinguidos con reconocimientos como el Premio nacional o incluso con galardones internacionales, como el Príncipe de Asturias recibido por Bolívar Zapata.

Casi sin excepción, realizan sus labores de investigación y docencia en la propia Universidad nacional. Integran, ciertamente, un cuerpo de notables, sin el dejo sarcástico con que buscan descalificarlos quienes resienten el carácter elitista del mecanismo de elección vigente durante más de seis décadas. Es quizá un modelo anacrónico, pero sin duda mejor que el de antes de 1945, que perturbaba a veces hondamente a la comunidad universitaria. Hoy esta no permanece al margen, aunque sus expresiones no sean determinantes sino que son matizadas por el criterio y los intereses de los quince electores, cuya carrera académica, en términos generales, además de haberlos prestigiado los dota de credibilidad. Y de perspicacia para distinguir el grano de la paja. Los electores disfrutan además, en esta ocasión, del privilegio de la mayor libertad posible para su decisión. Nunca fue cierto que la Junta actuara como mera correa de transmisión de instrucciones venidas de fuera. Pero el sistema presidencial autoritario era capaz de inducir el nombramiento. Hoy ya no lo es. Creo. Así lo espera, así lo necesita la Universidad.

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Más propuestas para el próximo rector

Publicado por bachiller en Octubre 25, 2007

El Correo Ilustrado

Más propuestas para el próximo rector

El cambio de rector en la Universidad Nacional Autónoma de México es un proceso importante no sólo para la institución, sino para el país, gracias al lugar que ocupa en el concierto de instituciones de educación media superior y superior. Por ello, ante la sucesión, los abajo firmantes queremos señalar los siguientes aspectos significativos:

Nuestra casa de estudios necesita preservar su carácter de universidad pública, garantizando la gratuidad de la educación para los estudiantes de todos sus ciclos: bachillerato, licenciatura y posgrado. Reiterar este principio es necesario tanto por los antecedentes de 1985 y 1999 como por las declaraciones de órganos supranacionales como la OCDE y la política del actual gobierno federal, contrarias al derecho de la educación gratuita.

La institución necesita preservar su carácter de universidad nacional, su autonomía del Estado y, por consecuencia, de los gobiernos federales en turno, demandando de éstos el financiamiento de ley para desarrollar en óptimas condiciones sus actividades académicas sustantivas: docencia, investigación y difusión de la cultura.

La universidad necesita preservar y profundizar la libertad de cátedra e investigación, que permitan en espacios de pluralidad ir conformando un proyecto alternativo de nación en el contexto de una conciencia crítica que nuestro país requiere.

Quien sea designado rector por la Junta de Gobierno deberá comprometerse a dar continuidad a lo que la universidad ha sido hasta ahora: una institución que se transforma manteniendo los principios que la nación le ha conferido: nacional, autónoma, pública, gratuita, laica, plural, crítica y dialógica. Lo anterior implica la democratización de sus instancias colegiadas de gobierno, que sea ejemplo ante las necesidades de cambio y rumbo social de nuestra sociedad.

Académicos del CCH sur: Jesús Pacheco Martínez, Efraín Cruz Marín, Víctor Gamboa González, Clemencia Lara Martínez y 75 firmas más

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La amplia masa universitaria no pone rectores, pero sí ha conseguido imponer el respeto …

Publicado por bachiller en Octubre 25, 2007

UNAM: LA UNIVERSIDAD QUE QUEREMOS FORJAR

La Universidad no puede ser ajena al mal tiempo económico y político que predomina en el país y en buena parte del mundo. El neoliberalismo en tanto que estrategia de desmantelamiento de las instituciones del Estado de Bienestar, tiene una vasta y sofisticada agenda de cambio estructural para los sectores de educación, salud y seguridad social en todo el orbe. Por ello, es muy importante hablar con claridad de la universidad que tenemos y sobre todo, de la universidad que queremos y necesita nuestro país, plagado de inequidades sociales y regionales, de pobreza, exclusión, falta de desarrollo, dependencia científica y tecnológica, depredación de recursos naturales, deterioro ambiental, graves violaciones de derechos humanos, fuga de cerebros y una democracia cada día más limitada.
En México, desde hace 25 años, de diferentes maneras, toda la educación pública se ha colocado bajo la mira neoliberal, comenzando por restringir la obligatoriedad gubernamental a solamente proporcionar educación de nivel básico. Especialmente, respecto a la educación media-superior y superior, las políticas neoliberales han impactado mediante las restricciones presupuestales y los aumentos de cuotas, la promoción de esquemas productivistas entre el personal académico y administrativo para exacerbar el individualismo y la competencia por recursos escasos, la degradación de la organización sindical, la presión para que la investigación más avanzada se ligue a las empresas, la creación de las universidades tecnológicas que tienen planes de estudios sin materias relacionadas con las Humanidades y la apertura a la inversión privada directa sobre todo en el nivel medio-superior. Los rechazados del sistema educativo, se han convertido en una realidad dolorosa desde la pre-primaria hasta los posgrados.
En ese ambiente, la ambigüedad, la carencia de principios, el pragmatismo sin perspectivas más amplias de largo plazo, han conducido a ensalzar y promover el individualismo por encima de la actuación y el mérito colectivo. Pero los errores de vanguardismo y sectarismo en las luchas recientes por un lado y por el otro, la amenaza de una derecha potenciada con su abrupto acceso a las altas esferas gubernamentales, lejos de conducir a una mejor organización y actuación colectiva de las izquierdas universitarias, han llevado al abandono de la crítica y la autocrítica constructivas y a la desmovilización. Ni siquiera hemos conseguido hacer realidad la tendencia a procesos democratizadores y transparentes en la elección de autoridades que se ha logrado en otras universidades y esferas de la actividad pública.
Llegamos al cambio de rector en la UNAM, entre declaraciones formales de defensa del carácter público, nacional, laico de la educación, de condena formal a los intentos de elevar las cuotas pero con una penetración profunda de los esquemas neoliberales en la mentalidad de los universitarios y en el quehacer básico de la universidad.
Es por ello que consideramos necesario identificar y enumerar coincidencias e iniciar la reconstrucción de agendas colectivas para su transformación, conformadas con objetivos claros que puedan ser compartidos por estudiantes, trabajadores académicos y administrativos y que se reflejen en estrategias específicas de acción por lo menos en cinco campos fundamentales:
1. Debe buscarse el desarrollo equilibrado de todas las áreas y ámbitos de la universidad
Actualmente dentro de la UNAM coexisten varias universidades. Una es la de la élite dirigente, con todos los recursos técnicos y económicos, con mecanismos verticales de control sobre el resto. Otro es el ámbito de las preparatorias, el de los CCH, el de las Facultades y Escuelas de Estudios Superiores fuera de ciudad universitaria, en donde persisten añejos problemas de precarización laboral, de autoritarismo, de ausentismo, de falta de personal docente profesionalizado, de instalaciones insuficientes, con una relación del número de alumnos por profesor y de alumnos por aula que lleva a situaciones antipedagógicas y al deterioro de la docencia.
2. Debe Fortalecerse la Docencia
El objetivo primero y fundamental de la universidad es la formación de estudiantes. El reto de la universidad pública en las últimas décadas ha sido el mostrar que una mayor cantidad de estudiantes no está reñida con la calidad de la formación profesional que reciben. Sin embargo, en los hechos, la función docente ha sido relegada y en muchos casos deformada. La riqueza que la experiencia de profesionistas en activo puede dar a los educandos, se ha transformado en una falta de profesionalización de la enseñanza y en una simulación, pues el mayor porcentaje de clases descansa en profesores de asignatura que en realidad trabajan tiempo completo pero lo hacen a destajo, con contrataciones renovadas semestralmente al gusto de los directores y operando en muy desiguales condiciones, dependiendo de dónde impartan su curso. Con ello se ha propiciado una generalización del trabajo precario. Se ha prácticamente abandonado la apertura de nuevas plazas académicas, lo que ha ampliado gravemente una brecha generacional entre la planta envejecida de profesores de carrera y la falta de carrera académica para los jóvenes dentro de la universidad, lo cual ha llevado por un lado a la sobrecarga de los profesores por hora en los casos de la educación media superior y de diversas licenciaturas, sobre todo en las escuelas y facultades fuera de ciudad universitaria; por otro lado, el envejecimiento de la planta académica se combinó negativamente con los programas productivistas, llevando a la prolongación excesiva de la actividad académica formal por carencia de esquemas de jubilación decorosos.
3. Deben combatirse las estructuras administrativas verticales, que nos manejan a discrecionalidad burocrática, con criterios ocultos y falta de funcionalidad. La Universidad no ha adecuado sus procesos administrativos a la masificación, predominando una gran discrecionalidad a cargo de las autoridades locales o de enlace con las centrales. En este contexto la corrupción no es poco frecuente en áreas de obras, compras, vigilancia, conservación. Una mala interpretación del acuerdo sindicato-autoridades lleva también en ocasiones a la deformación del quehacer administrativo como herramienta de apoyo a las actividades sustantivas de la universidad, imperando también la falta de claridad en las negociaciones laborales.
4. Debemos conseguir cambios legislativos internos que llevan a la redefinición creativa de la docencia, investigación y extensión universitarias atendiendo a las condiciones actuales y futuras predecibles. El Estatuto del Personal Académico ha sido superado en la práctica por reglamentos menores en los distintos subsistemas. Buscar que la legislación posibilite en los hechos y con programas democrática y equitativamente competidos, no con megaproyectos asignados entre élites burocráticas, una mayor interacción entre las diferentes áreas y disciplinas de la universidad, impulsando la generación de conocimientos, la creatividad y el trabajo interdisciplinario como herramientas para enriquecer la cultura nacional y abordar los problemas nacionales.
5. Debemos fortalecer los cuerpos colegiados y rescatar la legitimidad de los órganos de gobierno. La verticalidad en las decisiones universitarias está íntimamente ligada con la debilidad de los cuerpos colegiados consultivos o de decisión. No hay confianza en que su actividad pueda ser de utilidad a la vida académica ni de que, dada la promoción de la evaluación exclusivamente individual del trabajo, la participación en la generación de propuestas de mejoramiento de las diversas actividades universitarias sea responsabilidad colectiva. No se han rescatado los resultados del congreso de 1990, ni tampoco se realizó el que se prometió, pero además, hay una tendencia a satanizar como “populista” cualquier ejercicio de reflexión, acuerdos y cambios procesados colectivamente. La obsesión por el control, debido al estallido periódico del descontento estudiantil masivo, se ha transformado en una falta de legitimidad de los órganos de representación en Facultades y escuelas (Consejos Técnicos) y del propio Consejo Universitario, lo que se refleja en los bajísimos porcentajes de participación en los procesos de elección de representantes. Eso ha reforzado estructuras que son un espejo del deteriorado presidencialismo que vive el país.

Quienes firmamos este documento creemos que estos y muchos otros aspectos de la universidad se pueden y se deben cambiar, mediante el fortalecimiento de las instancias colectivas de reflexión y participación, la definición de los objetivos a alcanzar partiendo del reconocimiento y debate abierto sobre la problemática que enfrentamos por la continuidad de gobiernos y política neoliberales, pero sobre todo, por nuestro rezago en la formulación de alternativas viables, democráticas, colectivas, de defensa de la educación pública y de defensa de la UNAM. La amplia masa universitaria no pone rectores, pero sí ha conseguido imponer el respeto a las ideas de gratuidad, laicicidad, autonomía y soberanía. Reforcemos la organización, el debate y el relanzamiento de proyectos alternativos de cambio, por áreas, sectores y niveles. Los profesores e investigadores, estudiantes y trabajadores, tenemos que tomar la palabra y decidirnos no sólo a resistir, sino a avanzar en la construcción de una UNAM a la altura de los nuevos retos.
México, D.F.
Octubre de 2007
Firman:
Amparo Martínez Arroyo (CC de la Atmósfera)
Manuel Mena (I. de Geofísica)
Alejandro Alvarez Béjar (F. de Economía) abejar48@hotmail.com
Luis Torres (I. Geofísica)

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Aspirantes a la rectoría

Publicado por bachiller en Octubre 25, 2007

Antes del 6 de noviembre, la lista de candidatos

Aventaja Narro entre aspirantes a la rectoría: fuentes de la JG
Karina Avilés

A nueve días de que termine el proceso de consulta para la sucesión en la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles lleva una delantera de tres a uno en relación con los seis aspirantes restantes, de acuerdo con fuentes de la Junta de Gobierno (JG), las cuales indicaron que antes del 6 de noviembre se conocerá la lista de candidatos y, a partir de esa fecha, serán llamados a las entrevistas.

Hasta el momento, Narro Robles ha concentrado la mayoría de preferencias, no sólo en el ámbito de las ciencias médicas, a la que pertenece, sino de una diversidad de dependencias universitarias.

Después de Narro Robles, el ex director del Instituto de Matemáticas José Antonio de la Peña es quien más menciones ha tenido, aunque sus apoyos, según fuentes de la universidad, se concentran en determinados institutos.

En ese orden de las preferencias, Diego Valadés se ubica en tercer sitio. El ex procurador general de la República y ex director del Instituto de Investigaciones Jurídicas ha recibido el apoyo de sectores de las facultades de Ciencias Políticas, de Economía, Derecho, así como de agrupaciones en esta materia.

El resto de aspirantes –Rosaura Ruiz, Fernando Serrano Migallón, Gerardo Ferrando Bravo y Fernando Pérez Correa–, aunque también cuentan con las simpatías de ciertos sectores universitarios, han obtenido menos menciones. Los integrantes de la junta reiteraron que si Luis Javier Garrido es propuesto ante ese órgano, será considerado para llamarlo a las entrevistas.

Los 15 miembros de la JG continuarán escuchando las propuestas de los integrantes de la UNAM en las sedes foráneas, entre ellas las facultades de estudios superiores Zaragoza y Aragón.

Una vez que termine la auscultación, la JG tendrá del primero al 5 de noviembre para realizar el análisis de este proceso y, a partir del día 6 llamará a los candidatos (dos por día, según se ha previsto).

Conforme a esos tiempos, cualquier día de la semana del 12 al 17 de noviembre se dará a conocer el nombre del sucesor de Juan Ramón de la Fuente.

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