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La amplia masa universitaria no pone rectores, pero sí ha conseguido imponer el respeto …

Publicado por bachiller en Octubre 25, 2007

UNAM: LA UNIVERSIDAD QUE QUEREMOS FORJAR

La Universidad no puede ser ajena al mal tiempo económico y político que predomina en el país y en buena parte del mundo. El neoliberalismo en tanto que estrategia de desmantelamiento de las instituciones del Estado de Bienestar, tiene una vasta y sofisticada agenda de cambio estructural para los sectores de educación, salud y seguridad social en todo el orbe. Por ello, es muy importante hablar con claridad de la universidad que tenemos y sobre todo, de la universidad que queremos y necesita nuestro país, plagado de inequidades sociales y regionales, de pobreza, exclusión, falta de desarrollo, dependencia científica y tecnológica, depredación de recursos naturales, deterioro ambiental, graves violaciones de derechos humanos, fuga de cerebros y una democracia cada día más limitada.
En México, desde hace 25 años, de diferentes maneras, toda la educación pública se ha colocado bajo la mira neoliberal, comenzando por restringir la obligatoriedad gubernamental a solamente proporcionar educación de nivel básico. Especialmente, respecto a la educación media-superior y superior, las políticas neoliberales han impactado mediante las restricciones presupuestales y los aumentos de cuotas, la promoción de esquemas productivistas entre el personal académico y administrativo para exacerbar el individualismo y la competencia por recursos escasos, la degradación de la organización sindical, la presión para que la investigación más avanzada se ligue a las empresas, la creación de las universidades tecnológicas que tienen planes de estudios sin materias relacionadas con las Humanidades y la apertura a la inversión privada directa sobre todo en el nivel medio-superior. Los rechazados del sistema educativo, se han convertido en una realidad dolorosa desde la pre-primaria hasta los posgrados.
En ese ambiente, la ambigüedad, la carencia de principios, el pragmatismo sin perspectivas más amplias de largo plazo, han conducido a ensalzar y promover el individualismo por encima de la actuación y el mérito colectivo. Pero los errores de vanguardismo y sectarismo en las luchas recientes por un lado y por el otro, la amenaza de una derecha potenciada con su abrupto acceso a las altas esferas gubernamentales, lejos de conducir a una mejor organización y actuación colectiva de las izquierdas universitarias, han llevado al abandono de la crítica y la autocrítica constructivas y a la desmovilización. Ni siquiera hemos conseguido hacer realidad la tendencia a procesos democratizadores y transparentes en la elección de autoridades que se ha logrado en otras universidades y esferas de la actividad pública.
Llegamos al cambio de rector en la UNAM, entre declaraciones formales de defensa del carácter público, nacional, laico de la educación, de condena formal a los intentos de elevar las cuotas pero con una penetración profunda de los esquemas neoliberales en la mentalidad de los universitarios y en el quehacer básico de la universidad.
Es por ello que consideramos necesario identificar y enumerar coincidencias e iniciar la reconstrucción de agendas colectivas para su transformación, conformadas con objetivos claros que puedan ser compartidos por estudiantes, trabajadores académicos y administrativos y que se reflejen en estrategias específicas de acción por lo menos en cinco campos fundamentales:
1. Debe buscarse el desarrollo equilibrado de todas las áreas y ámbitos de la universidad
Actualmente dentro de la UNAM coexisten varias universidades. Una es la de la élite dirigente, con todos los recursos técnicos y económicos, con mecanismos verticales de control sobre el resto. Otro es el ámbito de las preparatorias, el de los CCH, el de las Facultades y Escuelas de Estudios Superiores fuera de ciudad universitaria, en donde persisten añejos problemas de precarización laboral, de autoritarismo, de ausentismo, de falta de personal docente profesionalizado, de instalaciones insuficientes, con una relación del número de alumnos por profesor y de alumnos por aula que lleva a situaciones antipedagógicas y al deterioro de la docencia.
2. Debe Fortalecerse la Docencia
El objetivo primero y fundamental de la universidad es la formación de estudiantes. El reto de la universidad pública en las últimas décadas ha sido el mostrar que una mayor cantidad de estudiantes no está reñida con la calidad de la formación profesional que reciben. Sin embargo, en los hechos, la función docente ha sido relegada y en muchos casos deformada. La riqueza que la experiencia de profesionistas en activo puede dar a los educandos, se ha transformado en una falta de profesionalización de la enseñanza y en una simulación, pues el mayor porcentaje de clases descansa en profesores de asignatura que en realidad trabajan tiempo completo pero lo hacen a destajo, con contrataciones renovadas semestralmente al gusto de los directores y operando en muy desiguales condiciones, dependiendo de dónde impartan su curso. Con ello se ha propiciado una generalización del trabajo precario. Se ha prácticamente abandonado la apertura de nuevas plazas académicas, lo que ha ampliado gravemente una brecha generacional entre la planta envejecida de profesores de carrera y la falta de carrera académica para los jóvenes dentro de la universidad, lo cual ha llevado por un lado a la sobrecarga de los profesores por hora en los casos de la educación media superior y de diversas licenciaturas, sobre todo en las escuelas y facultades fuera de ciudad universitaria; por otro lado, el envejecimiento de la planta académica se combinó negativamente con los programas productivistas, llevando a la prolongación excesiva de la actividad académica formal por carencia de esquemas de jubilación decorosos.
3. Deben combatirse las estructuras administrativas verticales, que nos manejan a discrecionalidad burocrática, con criterios ocultos y falta de funcionalidad. La Universidad no ha adecuado sus procesos administrativos a la masificación, predominando una gran discrecionalidad a cargo de las autoridades locales o de enlace con las centrales. En este contexto la corrupción no es poco frecuente en áreas de obras, compras, vigilancia, conservación. Una mala interpretación del acuerdo sindicato-autoridades lleva también en ocasiones a la deformación del quehacer administrativo como herramienta de apoyo a las actividades sustantivas de la universidad, imperando también la falta de claridad en las negociaciones laborales.
4. Debemos conseguir cambios legislativos internos que llevan a la redefinición creativa de la docencia, investigación y extensión universitarias atendiendo a las condiciones actuales y futuras predecibles. El Estatuto del Personal Académico ha sido superado en la práctica por reglamentos menores en los distintos subsistemas. Buscar que la legislación posibilite en los hechos y con programas democrática y equitativamente competidos, no con megaproyectos asignados entre élites burocráticas, una mayor interacción entre las diferentes áreas y disciplinas de la universidad, impulsando la generación de conocimientos, la creatividad y el trabajo interdisciplinario como herramientas para enriquecer la cultura nacional y abordar los problemas nacionales.
5. Debemos fortalecer los cuerpos colegiados y rescatar la legitimidad de los órganos de gobierno. La verticalidad en las decisiones universitarias está íntimamente ligada con la debilidad de los cuerpos colegiados consultivos o de decisión. No hay confianza en que su actividad pueda ser de utilidad a la vida académica ni de que, dada la promoción de la evaluación exclusivamente individual del trabajo, la participación en la generación de propuestas de mejoramiento de las diversas actividades universitarias sea responsabilidad colectiva. No se han rescatado los resultados del congreso de 1990, ni tampoco se realizó el que se prometió, pero además, hay una tendencia a satanizar como “populista” cualquier ejercicio de reflexión, acuerdos y cambios procesados colectivamente. La obsesión por el control, debido al estallido periódico del descontento estudiantil masivo, se ha transformado en una falta de legitimidad de los órganos de representación en Facultades y escuelas (Consejos Técnicos) y del propio Consejo Universitario, lo que se refleja en los bajísimos porcentajes de participación en los procesos de elección de representantes. Eso ha reforzado estructuras que son un espejo del deteriorado presidencialismo que vive el país.

Quienes firmamos este documento creemos que estos y muchos otros aspectos de la universidad se pueden y se deben cambiar, mediante el fortalecimiento de las instancias colectivas de reflexión y participación, la definición de los objetivos a alcanzar partiendo del reconocimiento y debate abierto sobre la problemática que enfrentamos por la continuidad de gobiernos y política neoliberales, pero sobre todo, por nuestro rezago en la formulación de alternativas viables, democráticas, colectivas, de defensa de la educación pública y de defensa de la UNAM. La amplia masa universitaria no pone rectores, pero sí ha conseguido imponer el respeto a las ideas de gratuidad, laicicidad, autonomía y soberanía. Reforcemos la organización, el debate y el relanzamiento de proyectos alternativos de cambio, por áreas, sectores y niveles. Los profesores e investigadores, estudiantes y trabajadores, tenemos que tomar la palabra y decidirnos no sólo a resistir, sino a avanzar en la construcción de una UNAM a la altura de los nuevos retos.
México, D.F.
Octubre de 2007
Firman:
Amparo Martínez Arroyo (CC de la Atmósfera)
Manuel Mena (I. de Geofísica)
Alejandro Alvarez Béjar (F. de Economía) abejar48@hotmail.com
Luis Torres (I. Geofísica)

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